Crónica de un Aprendizaje: MASC y Justicia Restaurativa para Sembrar Paz en Guanajuato”.

El Proceso de Certificación como Persona Facilitadora Privada en Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias y Justicia Restaurativa fue una experiencia humana que me enseñó a mirar el conflicto con otros ojos.

Columnas de Opinión26/11/2025 Diego Contreras
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MASC

Hace cuatro meses inicié un camino que, sin saberlo, transformaría no solo mi manera de ejercer el Derecho, sino mi forma de relacionarme con las personas y entender la profunda responsabilidad que implica acompañarlas en momentos de dolor, incertidumbre o ruptura. El Proceso de Certificación como Persona Facilitadora Privada en Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias y Justicia Restaurativa, impulsado por el Poder Judicial del Estado de Guanajuato, fue mucho más que una capacitación técnica: fue una experiencia humana que me enseñó a mirar el conflicto con otros ojos.

Fuimos más de cien profesionales del Derecho quienes, módulo tras módulo, aprendimos que la verdadera tutela judicial efectiva —esa que el artículo 17 constitucional exige privilegiar el fondo sobre los formalismos— solo es posible cuando el sistema de justicia reconoce a las personas como el centro de todo. Descubrimos que no se trata solo de resolver expedientes, sino de atender historias, necesidades, heridas y emociones.

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A través de diez módulos impartidos por la Escuela de Estudios e Investigación Judicial, nos adentramos en los fundamentos del conflicto, en las teorías que lo explican y en la riqueza de la diversidad humana. Estudiamos la perspectiva de equidad de grupos vulnerables —niñas, niños y adolescentes; personas con discapacidad; comunidades indígenas; población afromexicana; personas adultas mayores; y la comunidad LGBTQ+— entendiendo que no puede haber justicia si no hay reconocimiento de las desigualdades y de las realidades que atraviesan a cada persona.

Profundizamos en la negociación, la comunicación efectiva, la inteligencia emocional y la responsabilidad afectiva. Aprendimos que un buen facilitador no es quien habla más, sino quien escucha mejor; no quien dirige, sino quien acompaña; no quien impone soluciones, sino quien ayuda a descubrirlas.

Las prácticas de mediación, conciliación y justicia restaurativa nos llevaron a reconocer que los vínculos pueden fracturarse, pero también pueden restaurarse cuando existe voluntad, diálogo y un espacio seguro para el reconocimiento del daño y de las responsabilidades. Las evaluaciones —un examen teórico y dos pruebas prácticas— no solo midieron conocimientos, también pusieron a prueba nuestra capacidad de empatía, de contención y de respeto.

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Hoy, quienes concluimos este proceso formamos un colectivo diverso, solidario y profundamente humanista. Somos profesionistas comprometidos con la Cultura de la Paz y con el servicio a la sociedad guanajuatense. Estamos listos para facilitar encuentros, acompañar procesos, impulsar acuerdos reparatorios y contribuir a que el acceso a la justicia en México sea cada vez más humano, más sensible y más cercano a quienes lo necesitan.

 

Porque la paz no se decreta: se construye, una conversación a la vez.

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