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¿Alejandra Gutiérrez está construyendo su independencia política… o cavando una ruptura que podría costarle más de lo que imagina?
Perfiles del Bajío26/11/2025
Contorno BJXAlejandra Gutiérrez Campos es hoy una de las figuras más influyentes del escenario político en Guanajuato y particularmente en León. Su liderazgo no surge de la improvisación ni del oportunismo: es el resultado de una trayectoria completa dentro de la administración pública, donde ha recorrido, paso a paso, prácticamente todos los niveles de responsabilidad municipal hasta llegar a encabezar la ciudad más importante del estado.
Originaria de Lagos de Moreno, Jalisco, pero leonense por convicción y arraigo, Alejandra construyó su vida personal, profesional y política en León, ciudad a la que ha dedicado buena parte de su servicio público y donde ha consolidado su carrera.
Abogada de formación, de perfil técnico, ordenado y con una profunda disciplina legal, pronto encontró en las finanzas públicas uno de sus principales campos de especialización. A pesar de su base jurídica, se convirtió en una conocedora minuciosa de la administración hacendaria municipal, destacando por su enfoque en el control presupuestal, la eficiencia del gasto y la planeación financiera.

Uno de los cargos más relevantes en su trayectoria fue el de Tesorera Municipal de León, responsabilidad que le permitió conocer como pocas personas el funcionamiento real del Ayuntamiento, desde la recaudación hasta la aplicación del recurso público. Esa experiencia se convirtió en una de sus principales fortalezas y, para muchos, en la base que la preparó para gobernar la ciudad con una visión integral de las finanzas, la obra pública, los servicios y la operación gubernamental.
Posteriormente amplió su experiencia como:

Su estilo de gobierno ha sido identificado por la firmeza, la disciplina y un alto nivel de exigencia tanto hacia su equipo como hacia sí misma. No es una alcaldesa de improvisaciones ni de reflectores vacíos: es metódica, determinada y enfocada en resultados.
Durante sus cuatro años de gobierno, Alejandra Gutiérrez ha apostado más por la transformación progresiva del entorno urbano que por las obras monumentales. Si bien no se han registrado megaproyectos de impacto nacional, sí se ha impulsado una serie de intervenciones estratégicas que han modificado la imagen y funcionalidad de la ciudad.
Entre sus principales logros destacan:
La ampliación y rehabilitación de parques y espacios públicos, priorizando zonas que por años permanecieron en abandono, con el objetivo de recuperar el tejido social, incentivar la convivencia comunitaria y ofrecer alternativas de esparcimiento para niñas, niños y familias completas.
La ordenación de la Zona Piel, uno de los corazones económicos más emblemáticos de León, en donde se han impulsado acciones para mejorar la movilidad, la imagen urbana, la seguridad y las condiciones de trabajo de cientos de comerciantes e industriales del calzado.
La intervención integral en la avenida Miguel Alemán, zona históricamente descuidada y estigmatizada, que hoy vive un proceso de renovación urbana enfocado en el rescate del espacio público, la organización del comercio, la dignificación del entorno y la atracción de nuevas inversiones.
La modernización de procesos administrativos y financieros, fortaleciendo la eficiencia del gobierno municipal y manteniendo una línea de orden en el manejo del recurso público.
En el plano social, su vocación por la defensa de los seres sintientes se ha consolidado como una de las banderas más visibles de su gobierno. Desde la alcaldía ha impulsado campañas permanentes contra el maltrato animal, programas de adopción responsable, esterilización, refuerzo a la normativa de protección animal y una constante narrativa institucional de respeto hacia toda forma de vida.}

Este compromiso, lejos de ser un simple adorno discursivo, ha generado que León sea hoy una de las ciudades del estado donde el tema del bienestar animal ocupa un lugar prioritario en la agenda pública.
Pero quizás uno de los aspectos que más llama la atención de su administración es su apuesta a futuro. A pesar de los señalamientos por la falta de “grandes obras”, Alejandra ha puesto sobre la mesa metas ambiciosas, entre ellas la propuesta de un metro elevado para León, un proyecto de gran alcance que podría transformar la movilidad de la ciudad, conectar zonas estratégicas y reconfigurar su crecimiento urbano en las próximas décadas.
Este planteamiento, aunque aún en fase de visión y proyección, ha generado expectativas y también dudas, pero deja claro que su mirada va más allá del corto plazo y busca posicionar a León como una ciudad capaz de competir en infraestructura con las grandes urbes del país.
En lo humano, uno de sus rasgos más reconocidos es su auténtica vocación por la protección de los seres sintientes. A diferencia de otros discursos políticos, su compromiso con los animales ha sido constante y visible. Ha impulsado acciones concretas en favor de la protección animal, campañas de esterilización, adopción responsable, fortalecimiento de áreas municipales dedicadas al bienestar animal y una narrativa de respeto hacia toda forma de vida.
Esa causa, lejos de ser un accesorio político, se ha convertido en una de las banderas más personales de su gestión, reflejando una sensibilidad social que ahora forma parte de su identidad pública.
Sin embargo, su figura también atraviesa hoy uno de los momentos de mayor tensión política. En las últimas semanas, sus reiterados mensajes de distanciamiento de la dirigencia del Partido Acción Nacional —partido en el que construyó su carrera— y los constantes rumores de una posible renuncia o ruptura han desatado especulación, inquietud y análisis en la esfera local y estatal.
Para algunos, estos amagos son producto del desencanto tras no haber sido considerada seriamente para la gubernatura de Guanajuato; para otros, representan una postura de dignidad y desacuerdo ante las dinámicas internas del partido. Lo cierto es que mantener esa ambigüedad también puede representar un riesgo: en política, las medias señales muchas veces generan facturas, y romper sin una estrategia clara puede dejar más heridas que beneficios.
Alejandra ha insistido en que su compromiso está con León y no con los intereses partidistas, una declaración que la acerca a la ciudadanía, pero que al mismo tiempo la coloca en una posición delicada frente a la estructura que la respaldó por años.
Hoy, su figura encarna una dualidad poderosa: por un lado, la funcionaria preparada, experimentada y cercana a las causas sociales; por otro, la protagonista de una tensión política que podría marcar el punto más decisivo de su carrera.
La pregunta sigue en el aire y crece con cada movimiento:
¿Alejandra Gutiérrez está construyendo su independencia política… o cavando una ruptura que podría costarle más de lo que imagina?
Lo único seguro es que no es una actriz secundaria en la historia política de Guanajuato. Es una protagonista que, consciente o no, está escribiendo uno de los capítulos más intrigantes del poder local en los últimos años.

Entre cumbias, sonidos de barrio y rap que llegaba por bocinas improvisadas, encontró una salida a través de la música

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